Hablar de desigualdad desde la esperanza: lo que una conversación puede —y no puede— cambiar
Un experimento de campo encontró que las conversaciones planteadas desde una perspectiva optimista pueden aumentar la esperanza de reducir la desigualdad. Hablamos con dos de los coautores del estudio.
Por María Fernanda Cardona1

Allison Benson, economista e investigadora del Centro de Investigación Acción Pública; Juan José Rojas, asistente de investigación del Centro de Estudios Económicos (CEDE) y de Acción Pública; y Juan Felipe Ortiz, investigador postdoctoral en la Universidad de Osnabrück, convocaron a cientos de personas a conversar sobre desigualdad en Cali, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga, Florencia, Villavicencio y Bogotá.
Los participantes escucharon un panel, enmarcado en los Diálogos Territoriales sobre Desigualdad, que ocurrieron entre septiembre de 2023 y septiembre de 2024. Allí, personas de la academia, el sector público, el privado y las artes comentaban sobre las causas y consecuencias de la desigualdad en Colombia. Luego, cada persona que había escuchado el panel era asignada al azar a uno de cuatro grupos: A, B, C o D.
En este experimento aleatorizado en campo2, los participantes de los grupos A, B y C sostenían una conversación uno a uno con una persona desconocida, asignada al azar entre los otros asistentes. Cada conversación estaba enmarcada de forma diferente. En el Grupo A —el de control—, los participantes conversaban sobre experiencias durante la pandemia y las movilizaciones del 2021, sin abordar el tema de la desigualdad. En el Grupo B, conversaban sobre la desigualdad desde un tono optimista (qué soluciones existen y qué progresos ha logrado la sociedad). En el C, lo hacían desde un tono pesimista (los obstáculos estructurales, las dificultades para el cambio). En el Grupo D, los participantes no conversaban con otra persona, sino que tenían una autorreflexión guiada con ayudas visuales y preguntas predefinidas.

“Nosotros queríamos probar algo que se ha estudiado en la literatura y es la forma en que mecanismos deliberativos —no solamente en grandes procesos de participación y diálogo ciudadano, como las asambleas ciudadanas, sino simplemente conversaciones uno a uno—, pueden generarnos nuevas reflexiones sobre un tema social. Y la manera en que eso afecta nuestra realidad y la realidad compartida con otras personas”, explica Benson.
El hallazgo más sólido del experimento, publicado en el Documento CEDE-TREES Changing by Talking, se encontró en las conversaciones que se tuvieron desde un tono optimista. En estas, aumentó la esperanza de los participantes sobre la posibilidad de reducir la desigualdad. “La manera en que hablamos importa. Hay que hablar del problema, pero de una manera positiva y esperanzadora”, afirma Rojas.
La manera en que hablamos importa. Hay que hablar del problema, pero de una manera positiva y esperanzadora.
Allison Benson lleva esa reflexión al terreno del activismo y de la política pública. “Muchas organizaciones sociales y campañas de activismo están diciendo que la desigualdad está mal, que los ultrarricos tienen que pagar más impuestos. Pero cómo usamos estas narrativas desde la esperanza y la posibilidad. Porque muchas veces la denuncia social y el discurso de la injusticia nos terminan agobiando y cierran la posibilidad de cambio”.

El optimismo aumentó, pero para averiguar si el comportamiento de las personas también cambió, el estudio utilizó una versión modificada del ‘Juego del Dictador’, un experimento económico clásico para medir comportamientos prosociales. Antes del panel y después de la actividad asignada a cada grupo, los participantes debían decidir cómo distribuirían un premio potencial de 200.000 pesos colombianos entre ellos y otro asistente seleccionado al azar. La clave, explica Rojas, es que la decisión tenía consecuencias reales. Si la persona ganaba, lo que declaró compartir efectivamente se transfería a otra persona.
Que el juego tenga consecuencias reales es útil, explica Rojas, porque solo preguntarles a los participantes por sus preferencias puede llevar a respuestas engañosas, con el ánimo de complacer a los investigadores. “Queremos quedar como personas que damos dinero, que somos justas. Pero eso no es necesariamente lo que decidiríamos si nuestra elección tiene un costo real”.
En este frente, los resultados no mostraron un cambio estadísticamente significativo. Antes del panel, los participantes decidieron conservar, en promedio, el 55,3 % del premio; después del panel y de la actividad asignada, el porcentaje fue del 55,6 %. “No encontramos evidencia contundente de que una intervención sencilla y corta pueda transformar un comportamiento. Esto hace un llamado a diseñar experimentos en los que el diálogo entre las personas se sostenga durante más tiempo”, señala Benson.
Por eso, aunque cambiar una percepción es el primer paso, esto no garantiza una transformación de conducta a largo plazo.

Al hablar de la replicabilidad y representatividad del experimento, los autores hacen una precisión importante sobre los participantes que hicieron parte del estudio. Antes de que comenzara cualquier intervención, estos ya mostraban niveles altos de consciencia frente a la desigualdad. Este “sesgo de autoselección” pudo implicar que los participantes ya estaban convencidos y, en parte por ello, el experimento no produjo cambios estadísticamente significativos en algunos resultados.
Esto no invalida los hallazgos, pero sí señala, según los investigadores, la urgencia llevar estas conversaciones a públicos más escépticos, diversos y alejados del tema. La verdadera prueba de fuego del diálogo estructurado como herramienta de cambio, sostiene Rojas, está en quienes aún no están convencidos.
La verdadera prueba de fuego del diálogo estructurado está en quienes aún no están convencidos.
Generando espacios de encuentro entre diferentes en una sociedad desigual
Más allá de los resultados estadísticos, Benson propone una discusión más amplia sobre el rol del contacto social en la percepción de la desigualdad. En un país segregado no solo económica sino espacialmente, las personas tienden a construir su visión del mundo desde grupos de referencia cerrados, lo que produce percepciones sesgadas sobre la magnitud de las brechas y sobre la posición propia en la distribución de la riqueza.

“Hay investigaciones que dicen que personas que están en contextos de privilegio no reconocen su privilegio porque no conocen otras realidades sociales; eso hace que estén menos dispuestos, por ejemplo, a contribuir en el pago de impuestos o a apoyar políticas sociales redistributivas. Es muy importante acortar esa distancia social que se ha vuelto tan grande porque vivimos en una realidad tan desigual”, afirma Benson.
Desde esa perspectiva, la investigadora propone que el contacto entre personas de diferentes orígenes socioeconómicos puede ser una herramienta de política pública.
Diseñar desde el Estado puntos de encuentro entre distintos, ya sea a través de una educación menos segregada entre lo público y lo privado, transporte que cruce realidades o espacios públicos en los que mundos diferentes se encuentren, es fundamental para políticas públicas que transformen la desigualdad.
Changing by Talking no concluye que una conversación pueda rediseñar la sociedad colombiana, pero sí demuestra algo que Benson considera valioso: que el modo en que enmarcamos los problemas sociales moldea la manera en que los entendemos, y que incluso una conversación con un extraño, si está bien orientada, puede mover el optimismo de las personas sobre su posibilidad de cambio.
El modo en que enmarcamos los problemas sociales moldea la manera en que los entendemos.
La ambición futura, según los investigadores, sería llevar el experimento a zonas públicas, a formatos digitales, a muestras más diversas. Y, sobre todo, a personas que todavía no creen que nuestra realidad social se pueda transformar.
- María Fernanda Cardona es socióloga y periodista. ↩︎
- Estudio científico que se realiza en un entorno real —fuera del laboratorio—, donde los participantes o unidades son asignados al azar a un grupo de tratamiento o a un grupo de control. ↩︎