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Autor: Maria Camila

Módulo de Enseñanza TREES ¿Qué significa enseñar desde la equidad?

Sesión de cierre Módulo de Enseñanza para la equidad 2026.

Enseñar para la equidad no consiste únicamente en incorporar nuevos contenidos al aula. También implica revisar las prácticas pedagógicas propias, escuchar otras experiencias y construir, junto a otros docentes, nuevas maneras de comprender y enfrentar las desigualdades. Bajo esta premisa nació el Módulo de Enseñanza TREES, un espacio de formación certificado por la Dirección de Educación Continua de la Universidad de los Andes que reúne a docentes de distintos niveles educativos para repensar cómo la equidad puede convertirse en un principio que atraviese la enseñanza.

Más que ofrecer herramientas pedagógicas, el módulo propone una experiencia de aprendizaje entre pares. A través de una la Comunidad de Práctica, profesores de colegios, universidades y otros espacios educativos intercambian experiencias, cuestionan sus propias metodologías y diseñan propuestas curriculares orientadas a fortalecer una enseñanza crítica y ética de la equidad.

Inspirado en el enfoque de Teaching for Understanding del Proyecto Zero de la Universidad de Harvard, el módulo invita a comprender la enseñanza como un proceso de transformación. Esto se refleja en la estructura del módulo: la primera sesión aborda la enseñanza para la equidad; la segunda se centra en las metas de comprensión y los desempeños; la tercera está dedicada al diseño de secuencias didácticas con perspectiva de equidad; la cuarta explora estrategias de evaluación del aprendizaje desde una perspectiva de equidad; y la quinta se enfoca en la presentación y evaluación de diseños curriculares. Sin embargo, el principal aprendizaje no surge únicamente de los contenidos, sino de las conversaciones que se construyen entre docentes con trayectorias, disciplinas y contextos distintos.

Sesión de cierre Módulo de Enseñanza para la equidad 2025.

La primera edición reunió a 21 docentes provenientes de diferentes instituciones educativas. Durante cinco sesiones, el diálogo y la retroalimentación permitieron ampliar las perspectivas desde las cuales cada participante comprendía su propia práctica docente. Para Lorena Suárez, profesora de Gobierno y Políticas Públicas del Colegio Los Nogales, uno de los mayores aportes del módulo fue precisamente la posibilidad de aprender de otros contextos educativos.

“Este espacio me ofreció múltiples miradas sobre lo educativo. Fue muy enriquecedor recibir retroalimentación de colegas de otros contextos. Me ayudó a ver los retos que implica enseñar para superar desigualdades y la importancia de hacerlo entre pares, con apertura y diálogo.”

Su experiencia refleja uno de los principios que orientan el módulo: la equidad también se construye cuando los docentes encuentran espacios para escuchar, debatir y enriquecer colectivamente sus prácticas. Como expresó Johanna Gómez, docente de la Pontificia Universidad Javeriana,

“Salir un poco del ambiente universitario me permitió ver otras formas de enseñar y otros conocimientos. Encontrarme con profes de colegio me ayudó a ampliar la mirada, a reconocer otras voces y a enriquecer mi propia práctica desde lo diverso.”

Esta diversidad de perspectivas se fortaleció aún más durante la segunda edición, realizada en 2026, en la que participaron 43 docentes de distintos niveles y contextos educativos. La presencia de profesores de educación básica, media y superior convirtió el módulo en un espacio donde distintas experiencias dialogaron y se complementaron, permitiendo que las preguntas y desafíos de unos enriquecieran las reflexiones de otros.

El cierre del módulo evidenció esa construcción colectiva. Cada participante presentó, en formato póster, una propuesta pedagógica diseñada a lo largo del proceso y recibió comentarios de los demás docentes para fortalecerla. Más que una presentación de resultados, este ejercicio se convirtió en un espacio de diálogo donde cada propuesta fue retroalimentada por gracias a esta comunidad.

Mira el reel de cubrimiento de lla última sesión del Módulo:

Las actividades desarrolladas mostraron cómo la equidad puede abordarse desde múltiples disciplinas y contextos. Hyca – Diana Apolá López Bojacá, pedagoga artística de Menstrure, diseñó Biodiversidad y ciclos, una propuesta que utiliza las plantas medicinales para reflexionar sobre el cuidado” trata justamente de como podemos usar las plantas y como esto también puede generar que las podamos reproducir para que cada vez tengamos mayor soberanía en relación a la salud y al uso de las plantas medicinales”

Desde otra perspectiva, Sebastián García, historiador y docente de ciencias sociales, presentó El chicharrón de la tierra en Colombia, una actividad orientada a promover la reflexión sobre las desigualdades agrarias y los retos históricos de la distribución de la tierra en el país.

Aunque los temas eran diferentes, ambas propuestas compartían un mismo propósito: traducir la equidad en experiencias concretas de aprendizaje dentro del aula. Como señaló Sebastián García, el módulo demostró que “desde las construcciones colectivas podemos edificar soluciones para transformar problemas comunes”.

Más allá de los recursos pedagógicos producidos, el Módulo de Enseñanza TREES consolidó una comunidad de docentes comprometida con transformar la educación desde la reflexión, la escucha y el trabajo colaborativo. Al reunir voces provenientes de distintos territorios, disciplinas y niveles educativos el módulo mostró que enseñar para la equidad no es una tarea individual, sino una práctica que se fortalece cuando se construye colectivamente.

Reto TREES: investigar junto a las comunidades transforma la manera de entender las desigualdades

El Reto TREES: revelando clasismos (2024-2025) reunió a 120 estudiantes de pregrado y maestría de distintas disciplinas y de ocho departamentos del país en una experiencia inmersiva y colaborativa orientada al diseño de estrategias para fortalecer la cohesión social. A través de metodologías de investigación participativa, los equipos exploraron actitudes, percepciones y prácticas relacionadas con el clasismo en contextos cotidianos.

Encuentro presencial participantes del Reto TREES (2024-2025)

Más que un ejercicio académico, el reto abrió un espacio para conectar investigación, pensamiento crítico y ético y trabajo colectivo. En lugar de ver a las comunidades como objetos de estudio, la metodología de investigación participativa promovió procesos de diálogo y co-creación en los que las personas involucradas pudieron reflexionar sobre actitudes clasistas y cómo estas reproducen desigualdades.

Para Irma Flores, profesora asociada de la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes, uno de los principales aportes de este enfoque es que permite “no solamente llevar un tema como el clasismo a una comunidad, sino también poder conversar con esa comunidad para ver qué entienden ellos por el clasismo”. Desde esta perspectiva, la investigación participativa no solo produce conocimiento: también fortalece el tejido social y crea relaciones más horizontales entre investigadores y comunidades.

Mira el reel y descubre por qué la investigación participativa fue clave en el #RetoTREES

El reto estuvo dirigido especialmente a estudiantes en formación, precisamente porque este momento académico puede abrir espacios para la exploración crítica y la creatividad interdisciplinaria. Como señala Paula Jaramillo, líder de Enseñanza de TREES, se trata de “un momento en la vida en el que ellos pueden percibir los clasismos su alrededor para tratar de no reproducirlos y además hacer algo al respecto”.

El reto se desarrolló en seis fases que guiaron a los equipos en el diseño e implementación de investigaciones de acción participativa en sus propios entornos. A lo largo del proceso, los estudiantes identificaron y analizaron críticamente actitudes, relaciones, percepciones y prácticas que reproducen —o cuestionan— dinámicas de clasismo en la vida cotidiana. Para las dos ediciones del Reto, 2024 y 2025, la última fase culminó en un encuentro presencial en la Universidad de los Andes, donde los equipos compartieron sus hallazgos, discutieron sus metodologías y reflexionaron colectivamente.

Más allá de presentar resultados, el encuentro final permitió que los estudiantes conectaran la experiencia práctica con discusiones teóricas, metodológicas y éticas sobre cómo investigar junto a las comunidades. Como afirmó Blas Zubiría Mutis, mentor de la Universidad del Atlántico, durante el encuentro de 2024, el proceso permitió que los participantes “vivieran una experiencia investigativa concreta, utilizando unos parámetros establecidos por TREES y vinculándolos a la reflexión teórica, metodológica y epistemológica de la investigación participativa”. En la primera edición del Reto, equipos de la Universidad del Norte, la Universidad del Atlántico, El Colegio de México y la Universidad de los Andes desarrollaron preguntas de investigación, diseñaron metodologías y evaluaron junto a las comunidades si este tipo de investigaciones resultaban significativas y útiles para quienes participaban en ellas.

Entrega de certificado participantes del Reto TREES 2025.

Los proyectos desarrollados durante el reto también evidenciaron cómo el clasismo se manifiesta en escenarios cotidianos. Uno de los equipos de la Universidad del Atlántico investigó dinámicas de clasismo y microclasismo en la Alameda del Río, un proyecto urbanístico de vivienda que reúne a personas de distintos contextos socioeconómicos. A través de observación, entrevistas y encuestas, el equipo identificó cómo prácticas cotidianas —como secar ropa en las ventanas o la presencia de vendedores ambulantes— generan tensiones relacionadas con el estatus social y las percepciones de exclusividad.

La investigación mostró cómo ciertos prejuicios, hacia actividades informales y maneras de habitar el espacio, reflejan estereotipos y barreras de clase que generan tensiones en la convivencia. Más allá de identificar estas dinámicas, el proceso permitió abrir conversaciones con la comunidad sobre las formas en que estas prácticas afectan las relaciones entre vecinos y la percepción del “otro” dentro del mismo territorio. “Mediante encuestas y entrevistas, recogimos percepciones de exclusividad y prejuicios hacia actividades informales como las ventas ambulantes. Estos resultados nos permitirán proponer medidas de mitigación y fomentar la comprensión de actitudes clasistas”, explicó Andrés Eduardo Miranda Pacheco, participante del reto y miembro del equipo #SOMOSUA.

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El proyecto de Alameda del Río puso en evidencia cómo el reto no buscaba únicamente producir datos sobre el clasismo, sino también generar procesos de escucha y reflexión colectiva. Esta misma lógica atravesó otros proyectos del Reto TREES 2024, como el desarrollado por el equipo SINPREJUICIOS, que investigó dinámicas de clasismo en un salón de belleza en Bogotá. A partir de entrevistas y observación, el equipo identificó cómo las diferencias de clase entre empleados y clientes producen actitudes despectivas hacia los trabajadores.

“Descubrimos que la atención personal, hablar con el cliente, se considera un ‘servicio implícito’ que afecta a empleados menos conversadores. Encontramos también xenofobia y preferencias por el género de los estilistas”, explicó María Fernanda Blanco, participante del equipo SINPREJUICIOS. Para los integrantes del proyecto, uno de los principales aprendizajes del reto fue comprender la importancia de humanizar a las personas en la investigación y no verlas únicamente como datos.

Además, el Reto funcionó como un espacio de construcción de redes entre estudiantes de múltiples regiones y contextos socioeconómicos, fortaleciendo vínculos y aprendizajes colectivos. Valentina Gutiérrez, estudiante de la Universidad de la Sabana, habla de lo que significó para ella participar en el Reto TREES 2025.

“En esta experiencia comprendí la importancia de cada disciplina, porque cada una aporta una mirada diferente que enriquece y transforma la manera en que entendemos la realidad. La enseñanza más importante es que debemos retarnos constantemente y cuestionarnos qué actitudes o comportamientos pueden estar replicando el clasismo, incluso cuando no somos plenamente conscientes de ello.”

Esta reflexión también resonó en la experiencia de Verónica Rumaña Moreno, estudiante de la Universidad de los Andes e integrante del equipo Tejido Sentipensante. Para ella, uno de los principales aprendizajes fue comprender que el clasismo no siempre se manifiesta de forma evidente. “Los comportamientos discriminatorios no necesariamente se expresan de manera explícita; muchas veces aparecen en acciones sutiles que tienen un impacto profundo en las personas”, señaló.

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Los hallazgos de los equipos también revelaron un reto mayor: el clasismo suele estar profundamente normalizado en las interacciones cotidianas, lo que hace difícil identificarlo, investigarlo e incluso nombrarlo. Por eso la metodología de investigación participativa cobra mayor importancia en el Reto TREES, pues permite abrir espacios de escucha y diálogo, y que las mismas comunidades nombren e identifiquen el clasismo en sus entornos.

Durante más de cinco meses, los estudiantes no solo desarrollan investigaciones sobre distintas expresiones del clasismo en sus entornos cercanos, sino que también exploran maneras concretas de reconocer y mitigar estas actitudes que crean brechas de desigualdad en la vida cotidiana.

Mira aquí el reel de cubrimiento del RETO TREES 2024